David Idrobo 20 noviembre 2019
Foto: Daniel Valderrama

XII Festival Danza en la Ciudad
Obra: Cancionero para Señoritas
Compañía:
 La Bestia
País: Colombia
Fecha de función: 11 de noviembre
Teatro: La Factoría L’Explose

Desde que nací me quería casar
en Cancionero para señoritas

                                                Desconfiemos del aparente deseo natural, pues
responde a la naturalización de una imposición,
a una voluntad de ser dominados.
David Idrobo

Un cancionero es un conjunto de canciones o poesías en torno a un tema particular. Este Cancionero para Señoritas es una relación entre música y danza que tiene por interés la investigación sobre la tradición y sus vestigios en los cuerpos femeninos. Cancionero para Señoritas es una obra de danza y música creada en coproducción México – Colombia y ganadora del apoyo otorgado por IBERSCENA 2018, la cual se presentó en la versión XII del Festival Danza en la Ciudad – un lugar de lo distinto, el lunes 11 de noviembre en la Factoria L´explose.

¡Señoritas! Afuera esas sonrisas sueltas, entre dientes aprieten las malas lenguas, que en su pensamiento mora la vergüenza presente.

De las buenas y no tan buenas costumbres, que la devoción religiosa y el conservadurismo machista han infundido, se han desprendido los hábitos que visten las señoritas; del chismorreo a la vestidura, de la buena postura al rosario, este cancionero nutrido de música tradicional acompaña las historias de un grupo de mujeres llenas de ataduras, de sueñitos, de picardías, de verdades, de descuidos, de matrimonios, hijos y mentirillas.

Cancionero para señoritas nos muestra cómo estos torcidos y retorcidos  atavíos, que tienen origen en la tradición, deforman, controlan y juzgan los cuerpos femeninos; las mujeres se enfrentan consigo mismas y a sus crianzas para sortear sus sueños. Perder el “dote” antes del matrimonio, no es per se ni una virtud, ni una deshonra, será tarea de las señoritas decidir si los valores impuestos pesan más que las creencias propias, y aún más difícil de afrontar, deberán asumir ante los demás las decisiones tomadas.

Alegrías y nostalgias cosecha la pieza danzada; el poder de los cánticos, de las voces pueblerinas y el acompañamiento de la música en vivo, realzan lo vívido de las sonrisas y desamores que se experimentan en los infiernillos rurales, donde las imposiciones son visibles e invisibles, donde todos van a misa, pero ninguno conoce su fama, donde es necesario olvidar los dolores inevitables, los desaciertos pasados y contentarlos con las buenas nuevas.

Bajo la dirección de Sara Regina Fonseca y Eduardo Oramas, con frescura, alegría, humor y una fina relación entre música y danza, el Cancionero hace una crítica sobre la cultura patriarcal y machista en la que los cuerpos latinoamericanos han erigido sus prácticas sociales. Los espectadores, entre risillas, reflexionamos sobre lo que significa el dicho popular pueblo pequeño infierno grande; los favores no recibidos de la virgen nos hacen pedazos, mas somos una vasija rota que re-arma-remos con oro.

La mujer que acontece en Cancionero lucha contra las ataduras que los demás le imponen, persigue los sueños que no alcanzan en el hábito que nos regaló una patria masculina.

¡Sal, ven ya, aquí te espero, aunque no te conozca ven ya, sal para amar la vida! Nos quitaron el aliento; ahora dejemos que el lamento sea grito, vamos a romper la vieja loza y conseguir una nueva vajilla.