Jeniffer Lizcano 25 noviembre 2019
Foto: Archivo de la compañía

XII Festival Danza en la Ciudad
Obra: Noches de fantasía
Compañía:
 Lxs Tupamaras
País: Colombia
Fecha de función: 16 de noviembre
Escenario: Cinemateca de Bogotá

Entras a un espacio en penumbras, a tientas te mueves hacia algún lugar en donde podrás quedarte quieta y presenciar el espectáculo, pero ese lugar no existe, el público sigue entrando y te sientes inquieta, como si no hubiera a dónde ir; mientras tanto escuchas el taconeo que se acerca y se aleja, alguien viene, te roza el pecho con una mano delicada, te agarra suavemente un hombro, esos cuerpos se te acercan tanto que puedes escuchar su respiración, percibir el olor de sus perfumes, del maquillaje. Las siluetas cada vez más numerosas que se mueven por el espacio se empiezan a agolpar en pequeños grupos, temes hablar o moverte demasiado, no conoces las reglas, no sabes lo que viene, esta extraña posición de espectador a la que te están sometiendo es nueva para ti, aceptas la incertidumbre que te acompaña.

El rumor de una fiesta empieza a inundar el espacio, voces de gente que conversa, el barullo incesante de algo conocido pero que se siente enrarecido, dislocado, un poco fuera de lugar. La música entra a escena pero aún no puedes ver nada, suena un merenguito de esos viejos que bailaste hace tanto. Un locutor anuncia a las protagonistas de la noche y de golpe la luz las hace aparecer en medio de los espectadores: la malla, el tacón, el maquillaje, las pelucas, las prendas minúsculas y brillantes que dejan al descubierto la piel, que se ajustan al cuerpo e invitan a ver sin temor, sin tapujo; el cuerpo, el sexo, lo popular, lo kitsch, la cultura de masas se apoderan del escenario.

En adelante será todo un ir y venir por el espacio vacío que es llenado temporalmente por personajes que cantan, que bailan, que toman el micrófono para reafirmar una manera de ser, de vivir, de experimentar la sexualidad y la danza. Las Tupamaras están por todas partes, desfilan por una pasarela imaginaria, confrontan a los espectadores, corren el velo de lo convencional, de lo seguro. Esta noche la protagoniza lo marginal, lo silenciado, lo oculto, lo que este país camandulero y mojigato niega, reduce y reprime.

Se acerca el final y los cuerpos danzantes se confrontan con danza y música, una energía salvaje se empieza a gestar, algo fiero aparece en las miradas, en los cuerpos de maneras estilizadas, se rompe la barrera y los personajes se abalanzan unos sobre otros, se revuelcan, se arrastran, se golpean, se cae la peluca, se corre el maquillaje… ¡Eh! ¡Esto es una fiesta! Suena el reggaetón, el público baila, perrea, ¿mariconea? La respiración se agita, el sudor corre, el público chifla, aplaude y celebra.