Marco Gómez 7 enero 2010

Yo tenía quizás 19 años y unas ganas irrefrenables de ser bailarín cuando conocí a Francisco Díaz (o Pacho, como suelen decirle a todos los Franciscos). Yo tenía quizás 18 la primera vez que lo vi, en un olvidado estudio de danza de la carrera 8 con calle 57, aquí, en la ciudad de Bogotá. Recuerdo perfectamente verlo estirar en el vestier, haciendo esa secuencia que absurdamente llamamos saludos al sol (ahora que lo pienso, no es de mi total certeza afirmar que ese fue el primer momento en que de veras lo vi, aunque creo saber, o suponer, que es el primer recuerdo que albergo de él)…

Andrea Ochoa 7 enero 2010

Por eso mismo somos una amenaza para el engrosamiento de filas armadas, porque tenemos tanto por hacer y vivir que no estamos dispuestos a pelear y morir por una idea tan estática como la patria. Estamos reemplazando la obediencia ciega por propuestas alucinantes…

Natalia Orozco 7 enero 2010

Lo que sigue es un registro de seis situaciones trazadas de historias y geografías, un mapa de tiempos y espacios paralelos, simultáneos, de situaciones ocurridas en los surcos de nuestro cultivo; un intento no primero emergido allí, en los intervalos de lo que suele tener importancia, en esos pequeños aposentos donde transita la sangre y la orina a la vez, donde se mezcla la vida y la muerte, donde habitamos nuestra propia contradicción…