Pablo García Arias 15 diciembre 2022
Foto David Caycedo

La compañía Vértigo Escena, gracias a la Secretaría de Cultura y la Subsecretaría de Cultura Ciudadana, en conexión sinérgica con la Manzana del Cuidado del Centro de Bogotá y su piedra angular situada en la Casa de Igualdad de Oportunidades para las Mujeres, en la Localidad de Santa fe, al unísono con la Secretaría Distrital de la Mujer, ha puesto en práctica un ejercicio que oxigena la realidad bogotana.

De manera asfixiante esta ciudad, como incontables otras, como incontables países en pleno siglo XXI, acalla sin cesar multiplicidad de voces femeninas singulares, su presencia y su actuar, sus expresiones corporales y discursivas. La violencia física, mental, jurídica, económica, política, racial, se vive en todas partes, allí donde, empero, un grupo de mujeres violentadas de diversas maneras se reúne en esta conexión y alza su voz en una comunión tan desgarradora como admirable.

“El dolor del alma es un peso tremendo”, afirma una de las partícipes de este proyecto que con enhiesto arrojo y coraje se levanta una y otra vez para seguir andando. Ellas están dispuestas a perseverar en la cura de su alma, de su cuerpo, de su hogar, de su territorio. Es la búsqueda por salir de un status quo hiriente y peyorativamente impositivo, que se propaga como gangrena a lo largo de todo el globo.

Volvamos a Bogotá:

Después de varias sesiones grupales y singulares, estas almas, convocadas por las instancias en cuestión, nos hablan de su tristeza, de su divagar en una realidad que no desean, entre preguntas sin respuesta y búsquedas de ayudar y ser ayudadas. Pero también se trata, al decir de una de las integrantes del proyecto, de la alegría de un encuentro, de la fuerza de un levantamiento mutuo, de una sanación: cuando una mujer cae o se ve aislada por su mismo contexto y logra levantarse. “Todas somos Una”: en sus vórtices diferenciales, se trata de Una misma potencia femenina que se eleva gracias al arte y al acompañamiento transdisciplinar.

En torno al significativo Quiosco de la Luz, al interior del Parque de la Independencia, en pleno centro de Bogotá, este grupo de mujeres ha construido un hogar que desborda sus límites, amplía sus lugares de encuentro, multiplica sus fortalezas y llamados. Sin saberlo, o quizás sabiéndolo, inflama una llama que encontró poderosos soplos de fuerza a nivel vital e intelectual en presencias paradigmáticas del siglo XX como la rebelde Alfonsina Storni:    

Dicen que silenciosas las mujeres han sido
de mi casa materna… Ah, bien pudiera ser…
A veces en mi madre apuntaron antojos
de liberarse, pero, se le subió a los ojos
una honda amargura, y en la sombra lloró.
Y todo eso mordiente, vencido, mutilado.
Todo eso que se hallaba en su alma encerrado,
pienso que sin quererlo lo he libertado yo[1].

La creación de nuevos lazos basados en la reedificación de un sentido, de una fuerza amante explorada a través de la supervivencia, del cuerpo y la danza, permite a estas almas conocerse entre sí, afirmar su potencia de acción, su disposición de apoyo y su dimensión de reflejo. Porque de alguna manera cada alma es espejo de la otra, cada cuerpo es espejo del otro. El equipo se observa y se refleja de maneras múltiples, como un caleidoscopio hacedor de nuevas oportunidades de ver, de pensar, de sentir, de hablar.

La capacidad de escucha, de testimoniar, de desnudarse y rebelar que nadie es la única que tiene sombras, manchas, cicatrices sobre una piel espiritual y física, hace que el cuerpo y el alma rompan su dicotomía y se rebelen como una misma Naturaleza que se manifiesta a través de diversas formas de expresión sensorial, lingüística, perceptiva, fecundamente contestataria y dolorosamente resistente.

Cada alma tiene un relato, un pasado que es a su vez un insistente presente: cada una tiene varias vivencias por narrar. En su diferencia, el caleidoscopio de espejos refleja que todas las historias son Una, que se dice de diferentes maneras. Son de tristeza, de dolor, pero también de alegría, de sanación, de esperanza, de afirmación de un sentido que se vuelve a construir.

Sus voces empiezan a escucharse en este nuevo hogar al aire libre: “Una se siente escuchada, tranquila de poder expresar sus emociones, su forma de sentirse”. “Aprendí a compartir con otra mujer igual que yo, a sentir a esa mujer, a ponerme en los zapatos de esa mujer, y por qué no, poder hacer algo por esa mujer”. “Le he cogido más amor a la vida, pude expresar el dolor que llevo en el alma. Me ha alimentado como mujer, como mamá, como hija, como abuela”. “Me hace asimilar muchas cosas, y evolucionar, salir de todo y para adelante”. “Si, es como ya dejar todo atrás. He contado cosas que las tenía guardadas sólo para mí. Estaba ya a punto de explotar, sola”.[2]

Y así, se trata también de un ejercicio de soledad, de encuentros personales que permitirán vínculos interpersonales. De introspecciones que posibilitan manifiestos antes censurados: descubrirse paso a paso, poco a poco, lentamente, dulcemente, jamás del todo, para compartir los frutos de esa introspección entre la propia alma, y facultar el hecho de situarla en resonancia con las otras.

Es preciso seguir adelante. Levantarse diariamente, pero con un cuerpo cada vez más ligero. “Un día a la vez” -nos recuerda una de ellas-. Ahondar en las propias oscuridades es ciertamente abrir una herida, pues no se trata de negarla, sino de encararla, de permitirle respirar y fluir. No crear costra jamás. Las costras ocultan la herida. Las cicatrices la vivifican y dan un nuevo valor:

No hay cicatriz, por brutal que parezca,
que no encierre belleza.
Una historia puntual se cuenta en ella,
algún dolor. Pero también su fin.
Las cicatrices, pues, son las costuras
de la memoria,
un remate imperfecto que nos sana
dañándonos. La forma
que el tiempo encuentra
de que nunca olvidemos las heridas.[3]

La cita de encuentro durante las sesiones permite una región trasparente. Las almas se conocen entre sí, se motivan entre sí, se admiran entre sí, se fortalecen mutuamente. Se responsabilizan grupalmente de sus horarios, y del cumplimiento cabal de las prácticas que les den seguridad, contribución con el propio desarrollo, con el salirse de los propios zapatos y caminar descalzas hacia otros. Aprehender qué se siente decir adiós a una rutina perniciosa, gracias al sostén de nuevas compañeras. Romper barreras, tumbar muros mentales y sentimentales, a través de expresiones, de gestos, de contacto, pero también de palabras resignificadas, vueltas a nacer, a través de vientos de independencia, de valor, de autonomía, de utilidad.

Cada crisis es una oportunidad, dicen, pero aquí las crisis son un detonante, una catapulta hacia nuevas formas de vida; una movilización permanente. Movilización de respaldos, de sonrisas, de afrontar la realidad con una valentía que crece con encuentros revitalizantes.  Encuentros de múltiples generaciones.

Afirma una nueva voz, que habla a todas las otras que son ella misma:

“Gracias porque me escuchaste, porque ese día estaba muy rota. Tener esa conversación contigo, que me abrazaras, que me escucharas, me hizo sentir que sí valía la pena seguir viniendo a este espacio, que sí hay mujeres que se ponen en tu lugar, que no soy la única a la que le está pasando lo mismo… No es totalmente igual pero sí es algo similar, entonces todo esto me hace sentir muy tranquila. Nos apoyamos, como madres también. Ver a mi hija menor bailando cuando estábamos bailando, yo ese día estaba muy feliz de verla a ella tan feliz también, de verla a ella en su alegría …. Y que me ayudan con ella”Mis compañeras y yo necesitábamos una voz de aliento, un abrazo sincero. Juegos, juegos que habíamos perdido, que nos hizo volver, encontrarnos con nuestra niñez, encontrarnos con nuestro yo interior”.[4]

Voces de aliento, de despertar sensaciones acalladas: un proceso profundo que Vértigo Escena ofreció en el 2022,  para que estas almas de la Localidad de Santa fe, que quizás se creían en ocasiones perdidas, lograsen encontrarse, para volver a soltar amarras y dar rienda suelta y creadora, autónoma y conectiva, a sus propios horizontes vitales, de incesante apertura y renacer.

*Pablo García Arias, Docente investigador
Grupo Intertexto / Universidad Distrital Fransisco José de Caldas
Beca Experimentar, Arte, Ciencia, Tecnología e Innovación para la Cultura Ciudadana



[1] Storni, A. (2014). Un libro quemado. Editorial Excursiones. Buenos Aires, Argentina,

[2] Testimonios de las partícipes del proyecto.

[3] Bonett, P. (2011). Explicaciones no pedidas. Visor. Madrid.

[4] Testimonios de las partícipes del proyecto.