Manuel Ramos 4 enero 2022
Foto: Archivo Itínera Teatro

Un grupo conformado por dos actores y dos eco-constructores se ha embarcado en la quijostesca aventura de construir un teatro y centro cultural. No es en el medio de una ciudad concurrida ni tampoco es un edificio normal. Desean que sea una construcción auto-sostenible y ecológica, siendo un referente cultural para México, y Latinoamérica, lugar donde se realiza el Proyecto. Cómo llegaron a esa idea inusual, ese es el propósito de los párrafos que se asoman.


Acto I – Los actores

Para iniciar una reseña histórica, diremos que Manuel, oriundo de Colombia y crecido en Cundinamarca, viajó a Dinamarca en el 2009, en un invierno gracias al cual pudo conocer la nieve. Se internó en las salas, los archivos y las experiencias del Odin Teatro, el legendario grupo. Manuel había trabajado con Juan Monsalve en Bogotá por casi seis años en todos los temas tocantes a entrenamiento físico y vocal, la vía negativa de Jersy Grotowsky, los principios de la Antropología Teatral y el teatro laboratorio. Por suerte o camino, le correspondió llegar a Holstebro una madrugada y juntarse –como un niño asombrado– a los entrenamientos de las míticas Roberta Carreri, Else Marie Laukvik y Tage Larsen.

Julia, ragazza italiana, que podríamos intentar describirla como una actriz a la deriva, errante creativa o viajera empedernida, llegó al Odin Teatro, a un festival, con la directora Annet Hanneman, después de haber estado en el Líbano. Allí Julia, por necesidad o curiosidad, expresó su interés en trabajar con otra gran actriz del Odin Teatro, llamada Julia Varley. ¿Qué creen que le dijeron? Exacto, que no era posible ahora, que tenía que esperar, que ellos andaban muy ocupados. Vamos a hablar luego. Con carácter insistente logró sacarle la siguiente frase a la actriz del Odin Teatro: “viene un muchacho de Colombia, quizá puedas entrenar con él”.

Así fue. Julia y Manuel se encontraron a la salida del Salón Rojo, un november rain, después de un intenso entrenamiento con Tage Larsen sobre la relación de las acciones físicas y vocales. Suena muy romántico y sí, fue cierto. Pero fue solo amor por la escena, son dos seres tan diferentes que el único punto en común son las tablas. Pero solo eso fue suficiente.  De esa estadía en el Odin, Manuel realizó, guiado por la mente creativa de Else Marie Laukvik, y en colaboración con Julia, una muestra de trabajo llamada Meta + Morph (no me pregunten por qué le llamaron así), que llevó a Colombia como resultado de su estadía.

El año siguiente, 2011, el Proyecto fue apoyado por Iberescena. La idea fue escribir un texto dramático a partir de esa gran primera partitura física, era una frase motivada en imágenes oníricas interrumpida ocasionalmente por pausas, exhalaciones y suspiros. Teniendo eso como base, propusieron a Else Marie ser la directora de un performance. Ella aceptó, y volvieron a Dinamarca con la idea de exprimir el presupuesto de Iberescena, no solo escribiendo un texto sino produciendo una obra en conjunto. Entrenados muy bien en el teatro de bajo presupuesto y entendiendo el Teatro Pobre de Grotowsky como un teatro sin muchas cosas, hicieron un montaje enfocado en la dramaturgia del actor, sobre el sueño y el mundo onírico; sin cambios de luz, pero con canciones, textos cortos y con dos cambios de vestuario. El texto empezaba así:

– Doctora: ¿El gato? ¿En cuál sala está el gato?

– Doctor: En la sala negra.

Llegan al ascensor y en asombrosa simetría suben al segundo piso. En el
diálogo reluce una contienda. Uno pasa al otro la planilla de datos sobre el
experimento que se disponen a realizar.

– Doctora: ¿Es un gato persiano?

– Doctor: No, no creo, ¿no era un gato callejero?

Con este performance terminado con éxito después de un intenso periodo,el dueto estrenó en un antiguo cine de Pisa, el Teatro Lux, y en enero de 2012 emprendió un tour en bus por casi toda Suramérica, presentando el performance. Se llamó Metamorpheosis. Vivieron muchas anécdotas que son material para otro escrito. El asunto es que fue allí donde surgió la idea de tener una sede. Para un colombiano la idea sonaba bastante lejana, pues en su país, los grupos que sobreviven a mínimo treinta años de trabajo ininterrumpido son los que tienen el honor de acceder a una casa, a una bodega, a una permuta para poder meter su cabeza y tener un poco de descanso después de innumerables textos, sacrificios y obras. Sin embargo, la idea les quedó sonando.  


II – Los Permacultores

Uno de ellos es hijo de inmigrantes portugueses establecidos en la ciudad de Bordeux, en Francia. Stephane Ferreira. El hombre más práctico que se pueda conocer; podría ser actor. Solo hace. Piensa en acciones. Resuelve en acciones. De adolescencia rebelde y con una cierta anarquía, decidió hacer su vida por fuera de los acartonados centros académicos, y cuando se independizó de su familia lo hizo en un trailer de mediano tamaño que él mismo adecuó con cocinita y bañito y camita. Inquieto por la libertad y la independencia, se interesó por las montañas, el campo, la permaculture, hasta llegar a la bio-construcción. En esa búsqueda de autonomía se convirtió en su propio mecánico, su propio carpintero, su propio peluquero. Todo un lobo estepario.

Por el otro lado, está David Koblos, un Húngaro. Sí, para todos es raro, no sé cuántos húngaros se han cruzado ustedes en la vida. Pero los húngaros sí existen, y están en Hungría. David, hijo de médicos, se mudó a Alemania muy chico y exploró hasta más allá de los límites su adolescencia. Su gran intelecto le valió para terminar su bachillerato en Estados Unidos y realizar una carrera en Antropología. En sus anécdotas indica que, aunque puso todo de sí para lograrlo, se decepcionó hasta el fondo de la vida académica y de las zonas de confort que se pueden llegar a adquirir en las susodichas instituciones universitarias. Así que también buscó otros campos, y después de incontables viajes también llegó a la permacultura, a la enseñanza y a México. Se enamoró allí y se quedó.

                                                                             
Interludio

Julia y Stephane se cruzan
un crepúsculo de miradas.
En una población de jalapeños.

¡Oh, Cupido!,
qué juntas las más diversas almas,
en tus mieles,
a veces turbulentas,
a veces calmadas,

pero siempre mágicas.

Fue lo que a final de cuentas le dio el empujón a la idea de construir un Teatro Autosostenible.


III – Metáfora

Luz baja, casi penumbra. En escena, un terreno lleno de matorrales y pasto alto, llantas sucias de todos los tamaños. En el proscenio, David solo, con el marro levantado, apoyado sobre el hombro. La sombra del sombrero le cae en diagonal sobre el rostro, lentes negros, camisa con mangas cortadas y abierta, el pecho quemado, pantalones cortos y de trabajo. Botas. Entra Stephane, sin sombrero, sin gafas, sin camisa, sin botas; pero con chanclas y pantalones cortos. Corriendo.

Stephane: El primer teatro autosostenible del mundo hecho con materiales recolectados en la basura está a un paso de ser construido. 

David: Me llamo David y lo vamos a construir.

Stephan: Guiñando el ojo y con acento francés. ¡Wenn nicht jetzt, wann dann!

Durante toda la escena no se dicen nada más. Excavan una línea circular en el piso de tierra. Se oyen voces. De los bastidores entra Julia tocando el acordeón, canta. Su voz recuerda las abuelas que bailan la Tarantela. La luz sube lentamente al ritmo de su voz. En una pausa entra un charango y por el escotillón sale Manuel, quien pulsa unos arpegios. Casi en una coreografía, los cuatro bailan y cantan sobre los montículos de tierra.


IV- Epílogo

Itínera Teatro se llama este grupo. Itínera porque los cuatro hacen parte de este viaje. Itínera porque es un grupo que vive la aventura de construir un lugar, la vida como proceso, el arte como proceso, el teatro que llena todos los espacios de la vida. Porque así se construye lo invisible.  Hasta el 19 de Enero de 2022, Itínera realiza su recolección de fondos para este espacio en Mazunte – Oaxaca – México https://igg.me/at/itinera y su página: www.itinerateatro.com