Francisco Monroy Salamanca 11 noviembre 2019
Foto: David Caycedo

XII Festival Danza en la Ciudad
Obra: Farotas
Compañía: Orkéseos
País: Colombia
Fecha de función: 8 de noviembre
Teatro: La Factoría L’Explose

Una farota es colorida, alegre, orgullosa y carga secretos de espía. Para personificarla, maneja tu falda, maquíllate mal, no descuides tu postura (cuándo gacha y cuándo altiva), juega con esa colorida sombrilla. ¿Cómo danza tu farota? ¿Cómo habitas su vestido? ¿Qué rostro le das? ¿Qué voz?

La Compañía de Danza Orkeseos indaga sobre aquel personaje carnavalesco en su obra Farotas, estrenada en noviembre de 2018 en el Teatro La Factoría L’explose, donde se presentó de nuevo hace un par de días con ocasión del XII Festival de Danza en la Ciudad: un lugar de lo distinto. En ella, la agrupación dialoga con una tradición originaria de Talaigua La nueva, Bolívar, que hace gala cada año en el Carnaval de Barranquilla. El relato popular, memoria de rebelión, narra la historia de un grupo de indígenas que engaña a extranjeros colonizadores al caracterizarse como mujeres para vencerlos. Por su parte, la obra de Orkeseos es el resultado de un proceso de investigación-creación que tardó alrededor de cuatro meses, llevado a cabo gracias a una Beca de Creación en Danza otorgada por el Ministerio de Cultura.

Edwin Vargas, director de la pieza, y Raúl Ayala, cabeza artística de la Compañía, lideraron un proceso creativo en el que cuerpos urbanos entrenados en técnicas contemporáneas y folclor, movilizan la tradición, dialogan con ella. Parte de este camino incluyó una visita a Talaigua, en un encuentro con cultores de la región donde conocieron a Manuel Joaquín Matute, maestro del faroteo, y a su hijo Edgar, quienes son portadores, por herencia, de la Danza de las Farotas. Precisamente, las funciones en el marco del festival fueron un homenaje a ellos.

El momento más emotivo de esta presentación ocurrió cuando Manuel Joaquín, de 77 años, salió al escenario, fue vestido por los bailarines de Orkeseos y lideró la danza del grupo durante la escena final: faroteo, pasamanos, trenza, perilleo, sombrilleo. Así lucía su vestido: falda floreada amarilla con pañuelos de colores atados a ella, camisa anaranjada de manga hasta las muñecas, sombrero con flores al frente, sombrilla morada y un chaleco tejido con la forma de un corazón en la espalda. Un traje en consonancia con la escenografía, que constó de sillas de madera de diferentes tipos, colores y tamaños dispuestas a lado y lado de un espacio escénico alargado, formando una pasarela en donde ocurrían las acciones. También alternaron líneas de pequeños bombillos de diferentes colores con líneas de banderines que atravesaban el espacio a lo ancho. Raúl Ayala sostiene que esto es una remembranza de lo que halló junto a su equipo creativo en Talaigua, donde las farotas se ensayan en la calles de la población mientras los vecinos sacan las sillas de su vivienda para apreciarlas desde la acera. El mismo cuidado existe en el universo sonoro que dispone la obra: aires vallenatos y de farotas, puyas, acordeones, tambores y la voz de los intérpretes.

Con todo, la obra Farotas presenta voces de tradición y de contemporaneidad, versiones diversas de nuestra historia, memorias y saberes. Con ella, Orkeseos continúa encarando la tradición con innovación en el género folclórico: un discurso propio en el que presentan una visión del folclor como un ente vivo, cambiante y coyuntural, al que es necesario acercarse, tanto con la cautela del científico como con el atrevimiento del artista.