Centro de Experimentación Coreográfica 11 octubre 2017
Foto: Daniela Amaya

[vc_row][vc_column][vc_column_text]El próximo 27 y 28 de octubre, en Artestudio, se estarán presentando las obras del Centro de Experimentación Coreográfica 2017 de Danza Común. Los procesos de creación han sido acompañados con un ejercicio constante de escritura. Aquí el anverso y el reverso de dos de las obras que el público podrá ver en la escena.

¿CUERPA?
(Dalia Velandia)

Bueno acá estoy. Soy una estatua o a lo mejor una foto. Ya no soy un monstruo. Estoy en una revista. ¿Qué tipo de revista? No lo sé todavía. ¿Algún día lo sabré? ¿Me muevo o alguien me mueve? Siento sus ojos. ¿Te miro o mejor te ignoro? Ustedes/Ellos saben que estoy viva? Los miro. No debo soltar: Son 10 poses con sus frentes y tiempos que marca la canción. Que canción tan provocativa. ¿Será que ellos sienten que es sexual o sólo lo pienso yo? ¿Será por la voz de la chica o la cadencia de la música o es mi cabeza? Bueno, aquí viene lo coreográfico, son 4 tiempos para todo. La música es clara y mi centro también. Los recorridos están claros. ¿Soy un robot averiado? ¿Qué le pasa a mi cadera? Los movimientos de mi cadera están programados en una repetición eterna y mecánica. Encuentro tiempos, recorridos, mis caderas se aflojan. Circular, hago un ocho, adelante-atrás, adelante atrás, lado-lado, media luna, luna llena, media vuelta, vuelta entera.  De pie, a medio pie, acostada, boca abajo, boca abierta, boca a boca, soy sirena. Hay posiciones donde debo ensayar más para que la cadera oscile más rápido y coordinar cambiar un movimiento al otro. Hay posiciones donde pienso en mi humedad y tal vez me mojo. Nadie lo nota. Soy sirena ¿Si estuviera desnuda? Un juguete obsoleto ha perdido sus instrucciones. Se mueven sus remanentes, el poquito de batería que queda, el mecanismo que insiste en permanecer a pesar de su premeditada extinción.

El centro no son sólo mis caderas adelante-atrás,  lado-lado,  paso-paso, chan chan. Al mover mi centro, también se activan mis extremidades, mis piernas, mi entrepierna, mis pensamientos y deseos. Deslizo una gotica tal vez, dos goticas desde mi adentro. Quiero mirarme, tocarme.  ¿Eso será cuerpa? Una cuerpa  rota y deseosa. ¿Una cuerpa con una única latencia adentro? No soy yo realmente: somos dos en una. Ella, mi reencarnación, grande, firme, furiosa, tormenta, ella, la cabeza. ¿Y Yo su sexo?, yo quiero mezclarme, tocarla, mirarla. Pero no. Somos siameses. Pienso en nubes, en sueños, es una fiesta de cuerpas pero no lo sabemos. Nos vemos entre sueños, intocables, impenetrables, inalcanzables, tal vez vulnerables, juguetonas y tímidas.

Descubro que ella no es la cabeza. Ella es la sirena grandiosa, y yo la piecita que late a sus pies. Soy su piecito, su piecita rota. Ella con sus ganas de volar y yo, su alita rota. Insisto en no desaparecer. Me anclo, suplico ser parte de ella aunque sea en sus sueños o en mis deseos rotos.

 

S  I  L   V  e  S  T  R  e
(Rebeca Medina)

Allí está el cuerpo.
Mi cuerpo.
Observo cómo soy observada en el momento en que la audiencia entra al espacio.
Les pido a todos que por favor se sienten o se queden parados, como quieran,  alrededor mío siguiendo la cinta de luz en forma de rectángulo.
Camino de un lugar del espacio a otro, esperando sentir cuál es el momento apropiado para parar.
Al parar, bajo mi mirada a mi pie derecho. Este, como si tuviera voluntad propia, empuja el piso hasta el punto en que solo  los metatarsos quedan en contacto con el piso.
Respiro y repito.
Vuelvo a caminar, buscando otro indicio para parar e ir al piso.
Cuando encuentro este lugar llevo el trocante izquierdo al piso.
El costado izquierdo de las rodillas, contra el piso.
Las palmas de las manos, contra el piso.
El codo izquierdo, contra el piso.
La cabeza, flotando.
Los ojos, recorriendo el espacio.
Los testigos, al rededor de mi cuerpo.
La luz general se apaga y un bombillo de luz amarilla se prende justo encima de mí.
En ese momento, miro mi propio cuerpo, la forma que adoptó. Siento el temblor de los dedos de las manos y el sudor que escurre de las axilas.
Tener tantos ojos mirándome me pone nerviosa.
Mi respiración se vuelve mi todo, el motor de movimiento y el ancla al presente.
Con cada inhalación se activan movimientos chiquiticos. Los dedos de la mano derecha comienzan a recorrer el espacio en una línea recta hacia el cielo, la mano izquierda celosa de este gesto hace lo mismo, pero solo alcanza la altura del hombro, mientras la derecha tiene la libertad de seguir, de sobrepasar incluso la cabeza.
Las rodillas, motivadas, persiguen el recorrido del brazo derecho y entonces las piernas flotan.
Mi cuerpo, ahora sustentado por el borde izquierdo, encuentra una nueva forma, vulnerable y precisa.
La respiración consciente sigue.
Me enfoco en cambiar de ritmo al inhalar y al exhalar.
Mi borde derecho siente el cansancio de los músculos del brazo y las piernas.

Me digo a mí misma:      r e s p I r a       r e s p I r a,

 y recuerdo que el músculo y el hueso nacieron juntos y que no debo pelear por mantenerlos unidos, la gravedad no los va a separar. Una suerte de alivio se apodera del borde derecho.

Así comienza esta pieza.

Sostengo esta posición por el tiempo que mi respiración me lo permite, mientras siento cómo los órganos dentro de mi torso se acomodan al leve movimiento que viene de la respiración.
Me digo a mí misma: no te olvides de dónde estás, entonces miro, miro afuera y me encuentro con unos ojos expectantes que me huyen.
Esta pieza es lenta al comienzo.
Me tomo el tiempo de cambiar de posición, ahí abajo en el piso.
Me tomo el tiempo de respirar, de darle precisa importancia a los detalles de mis movimientos y las transiciones.

Inhalo
exhalo
sostengo
dejo salir el aire de a poquitos
miro a la gente
me pongo roja

Poco a poco otras dos luces se encienden sobre  mí.
Estas luces entran para reforzar unos límites inevitables entre los otros cuerpos y mi cuerpo.
A medida que voy cambiando de nivel, teniendo muy presente la respiración, también experimento que la mirada de los demás cambia la anatomía de mi cuerpo.
En este momento es cuando estoy en la posición de cuclillas y voy a relevé muy despacio, con extremo cuidado y atención.
En los ensayos esto me sale divino, pero con testigos mirándome, los dedos de los pies experimentan una tembladera que desbalanza el resto de mi cuerpo.
Me digo a mí misma: respira, empuja el piso desde los metatarsos, cierra las costillas, baja los omoplatos y estira las piernas despacito y con confianza.
En ese momento cambio de nivel,  sigo en relevé. Me levanto la camisa verde clarita, la muerdo con la boca, organizo mis manos con integro detalle. Cierro los ojos por un momento.

Tiemblo.

En ese momento, el músico, que está afuera del rectángulo de luz y que comparte espacio con la audiencia, deja caer de sus dedos los primeros sonidos.
Este sonido acompaña la precariedad de la posición en la que me encuentro.
Me tomo el tiempo para sentir lo que está pasando en mi cuerpo mientras habito esa pausa que es  L   A   R   G   A  escucho la música.
Estoy convencida que ese estado de vulnerabilidad anatómica tienen a mis testigos con las miradas fijadas en mi ombligo y en los dedos de los pies.
Inhalo, inflo lo más que puedo la panza,
exhalo, intento que mi ombligo le dé un beso a la columna vertebral.

Repito
repito
repito
repito
repito

LUEGO

A c c I o n e s s I m u l t a n e a s:

La música cambia su intensidad.
Las luces amarillas que vienen del techo se apagan e inmediatamente entran las cintas led de luz blanca que están en el piso en forma de rectángulo
Abandono la posición y camino hacia este lugar del rectángulo.
Mientas camino pienso en Julyen Hamilton, lo invoco.
Abro los brazos, pretendo no olvidar la respiración, llego a una sexta posición.
Pie izquierdo, adelante.
Brazo izquierdo, arriba.
La mano derecha va y vuelve desde mi pecho hacia el espacio, cada vez que la mano vuelve al pecho esto resuena en mi columna vertebral.
Mis ojos persiguen el recorrido de la mano.
La mano aterriza en el pecho por última vez, inhalo, mis costillas se abren, los omoplatos se acercan entre sí, la cabeza dibuja un semicírculo hacia atrás,  el pelo cuelga, la boca se me abre y respiro.
El ritmo en esta parte es intermitente.
Movimiento pausa
movimiento pausa

Durante la última pausa, pienso en Dominik.
Comienzo a moverme ya sin querer parar. Tomando decisiones instantáneas en el espacio.
Me agito, el ritmo de la respiración cambia.
Me seduce la idea de no saber qué va a pasar y aun así estar preparada.
Bailo
bailo bailo bailo
se me sale una sonrisa
no sé cuándo voy a poder parar
está fuera de control
bailo hasta que el final me encuentra.

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