David Idrobo 18 noviembre 2021
Foto: David Caycedo

La vida no es más que un apasionado diálogo entre el mundo y el alma.
María Zambrano.



En el presente, necesitamos transitar experiencias estéticas que nos permitan descubrirnos en una sensibilidad profunda, que quizá hemos descuidado en un abandono creciente que parece llegar al olvido. Necesitamos resurgir en una sensibilidad espiritual, en una voluptuosidad animal, y en la sentencia del instante: estar aquí y ahora.  Recordar la sensibilidad de estar presentes es imperante. El miedo progresivamente se ha convertido en el velo de nuestras vidas. No estamos viviendo con miedo, el miedo hace que sobrevivamos y en el camino olvidemos el acto de vivir.

Ahora, te extienden la mano para posar en tu boca el más jugoso y prístino fruto del paraíso, sin pensarlo abres tus labios, miras dulcemente en gesto de agradecimiento y comunión. Te pierdes en el placer, y regresas al mundo interior de los sabores, de los olores, del tacto. Descubres que el mundo entero vive en tu cuerpo, que eres la escultura mediante la cual se desvela un cosmos.  Y ahí, en este juego de escalas, aprendes que no es ver para creer, es creer para poder ver, sentir, acariciar. Sin miedo puedo recibir el delicioso fruto del paraíso, columpiarme en el árbol de la vida, comer de la manzana del saber, y palpar el misterio de la vibración sonora que me roza. Al soñar el mundo, el Alma engendra el universo posible, el Alma es el juego de ensoñación de la vida.

Estamos ahora entre árboles robustos, de altas ramas, de sombras profundas que cobijan distintas ceremonias de sanación. Incluso fuimos testigos de un ritual que alberga su propio misterio. Nosotras jugamos entre árboles, cantando con los pies de nereidas que flotan en el mar, con los pies ligeros, el corazón abierto y la mirada puesta en el horizonte de la eternidad. Nosotras venimos a recordar un lugar, un tiempo, a darle vida y recobrarle el nombre: Quisco de la Luz.

Nosotras nunca nos hemos ido, nosotras que somos la misma, la misma pequeña Alma profunda de la que su saber es atemporal, de la que mira a través de todas las edades: la por siempre niña, la constante transformación, la impermanente, la urgente lucha para el no olvido, la memoria de huesos en polvo mineral, la que es sostén sutil de fuerzas anónimas,  la leve Alma que da el soplo de vida, la que se fue y sigue viva, la que es recíproca, la que rompe el asfalto para volver a bailar en la tierra, la que seduce siendo cobra, la que ataca siendo fiel leona, la intangible y mística mujer que se alimenta de fuerzas divinas: el amor, la belleza, sibila salvaje, el dolor, la muerte y el renacimiento, el éxtasis, el fuego del hogar, la creatividad, la compasión, la intuición, la abundancia, la ilusión, la justicia, el ritmo, el origen, el misterio, la ira y furia, el cambio, curación/totalidad/santidad, el despertar, la energía, la apertura, la sabiduría, el bienestar, el centramiento, la risa…

La erupción de la crisis en un proyecto creativo es el momento justo para aprender de una escucha profunda, es abrirse hasta restar sin piel, mudar de piel, dejar morir un ser y aun así no tener la honda escucha de un infante. Dejar de ser y ser son lo mismo, puesto que para el cuerpo el ser nunca existe, para el ser sólo existe un estar instantáneo que muere en su nacimiento; el Alma experimenta un presente infinito. Las aguas oscuras y espesas, que alimentan el inframundo, son ahora visibles, y la propia sombra, la oscuridad, es terreno fértil para el brote de la luz.

Atlas parecía sostener al mundo, pero el mundo siempre se ha suspendido por la divina energía femenina. El poder de la creación, las artes, la belleza y los placeres nos permiten seguir de pie. La danza y la vida se tejen juntas, danzamos para entendernos y entender el universo. Morimos con cada respiración que nos recuerda lo vivos que estamos. Le cantamos a la Chamiza para recordar el ritmo que llevan los pasos de nuestro linaje.

Tan distintas todas las mujeres que habitan en mí, todas las mujeres con distinta mirada y el mismo fuego de la vida. Todas me han dado vida, todas me hablan, todas me enseñan. Ellas comparten ahora sus vidas, sus instantes, su música, su casa, su sanación, su alimento. Ellas son alimento, visión y sanación para quienes podemos verles danzar y cantar. Y aquí estoy sin piel, desnuda, agradecida por compartir esta Alma que apenas nació, que aún guarda el misterio oculto, que habrá que danzarla para extender la magnitud de su cuerpo.

Alma es una alegre y profunda niña, un recordatorio de lo fuerte, infinita y frágil que puede ser la existencia. Nuestra existencia. Alma es la descendencia de un linaje, el rostro heredado de los antepasados, las heridas de todas las abuelas, los suspiros de cada nacimiento. Alma es una excusa para denominar el cuerpo histórico que vive en nuestras sombras: todas las mujeres poseen todas las edades.

Alma es una experiencia estética performática que Vértigo Escena brindó el 29 y 30 de Octubre de 2021, en el Quiosco de la Luz del Parque de la Independencia.  Lugar que habitamos por un mes, en un proceso de investigación−creación que nos permitió dialogar con el entorno, sus habitantes, y sus efímeros transeúntes. Proyecto ganador de la Beca de Creación para la Reactivación del Sector Cultural de las Artes Escénicas de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte.

Obra: Alma.
Compañía: Vértigo Escena.
Intérpretes: Alma Pérez, Camila Josa, Gabriela Ponce, Claudia Rodríguez, Guentcy Armenta.
Animador: Henry López.
Musicalización: Carlos Romero, Gabriela Ponce.
Asesor dramatúrgico: Pablo García.
Vestuario, Iluminación y Director de Arte: Víctor Hernandéz.
Vestuario: Johan Tobón.
Creación de cuernos: Leonardo Cárdenas.
Chimenea: Arte y Fuego.
Dirección: David Idrobo.