Vilma Guzmán 18 febrero 2020
Foto: Archivo Lihaf Compañía

Se iniciaba el año de 1990 cuando el maestro Felipe Lozano emprendió su travesía desde Honda para radicarse definitivamente en Bogotá. La economía en Honda, por esos años, decayó debido a la tragedia de Armero: “un pueblo que entra en una decadencia total no puede pensar en lo artístico porque necesita generar empleo, vivienda, salud… tantas secuelas que quedaron de eso”, comentó el maestro con respecto a una de las razones por las que vino a esta ciudad.

Este tolimense, oriundo de Ambalema pero criado en Honda, llegó a Bogotá con su maleta cargada de sueños, 12 años de experiencia en danza folclórica y su carrera de administrador hotelero. La danza lo llevó a buscar a Delia Zapata por recomendación de Gildardo Aguirre, el director de danzas de Armero. Sus conocimientos en administración le permitieron atender el restaurante El Palenque, propiedad de Delia, e intercambió sus saberes de danza folclórica del Tolima, con los de las costas Pacífica y Atlántica de ella durante aproximadamente cuatro años.

Su inquietud por la danza hizo que adquiriera conocimientos de ballet, contemporáneo y moderno en algunos sitios como los sótanos de la Jiménez, con el maestro Plutarco Pardo y en la Universidad Nacional. Luego conoció al maestro Edgard Sandino e hizo parte de su compañía durante ocho años.

Cuando decidió dedicarse por completo a la danza y dejar atrás la administración, colocó un aviso en el salón comunal en donde vivía, anunciando que se dictaban clases de danza. Ese fue su primer intento de convocatoria y solo asistió una señora, pero ella fue la clave para iniciar su travesía por la danza de Bogotá.

La señora le dijo que más que tomar sus clases quería que fuera profesor en un colegio. De esa manera empezó a ser reconocido en colegios distritales y privados. Simultáneamente realizó estudios en educación artística hasta culminar un Magister en Historia y Teoría del Arte, la Arquitectura y la Ciudad.

Paralelamente, en 1992, la Coordinadora de Bienestar Social de la localidad de Tunjuelito le propuso trabajar con adultos mayores; esta idea en principio no le gustó. Sin embargo, pasó una propuesta al Banco de Propuestas Artísticas del Instituto Distrital de Cultura y Turismo con el grupo Club Adulto Mayor Edad Tierna del Tunal, dirigido por Nancy Neira. Esta propuesta se extendió a varios barrios de las localidades de Tunjuelito y Kennedy. Esto le permitió convertir las vivencias, saberes y valores que estas personas le transmitieron en montajes coreográficos.

En 1996, el maestro Felipe creó la agrupación Añoranzas Colombianas, que a partir del 2003 se convirtió en Andanzas y Travesías; allí consolidó la formación en danza con el adulto mayor. Dirigió obras como Bogotá, Susurros de Amor y Libertad, que eran danzas de Salón de la época de la Independencia, Flores en la Casa, una adaptación en danza teatro de La Casa de Bernarda Alba de García Lorca, y Ofrendas, danza teatro del altiplano cundiboyacense. La compañía fue una de las más reconocidas en su género y ganadora por nueve años consecutivos del Festival Danza Mayor de Bogotá (desde 1997 hasta 2005 y luego en 2010); también ganaron la Beca de Creación en Danza en Tunjuelito 2005, participando en diversos escenarios de la ciudad: Teatro Jorge Eliécer Gaitán, Teatro la Media Torta, Teatro Delia Zapata, Fundación Gilberto Alzate Avendaño, Biblioteca Virgilio Barco, Biblioteca el Tunal, Universidad Nacional, entre otros.

La diferencia entre la danza folclórica de Andanzas y Travesías con otros grupos de danza mayor del mismo género fue la metodología que se utilizó. En esta se hizo una indagación sobre el cuerpo del adulto mayor, su sentir, su movimiento desde su corporeidad, no la imposición de esquemas preconcebidos en danza folclórica. Por eso, en los montajes se recurrió a la danza teatro. Una forma de poner danza en escena con adulto mayor que es quizá poco habitual en Bogotá.

Andanzas y Travesías y sus otras agrupaciones: Compañía Felipe Lozano (danza folclórica y moderna) y Sintaxis (danza contemporánea), con las que trabajó el maestro por casi tres décadas, fueron unificadas en Lihaf Compañía en el año 2014. En esa trayectoria ha sido director escénico, coreógrafo, bailarín, ensayista, crítico, catedrático de historia del arte e investigador en danza, cultura y pedagogías artísticas.  

Lihaf Compañía le apostó a la danza teatro con adulto mayor con las obras Casa de Cita, inspirada en la obra Kontakthof de Pina Bausch, en el año 2017, y Les Vanités, en 2018. En uno de los apartes del artículo El retorno de los años maravillosos publicado en la revista el cuerpoeSpín, a propósito de la obra Casa de Cita, Manolo Villota comentó: “antes de cerrarse el telón, todos saludan a un público que aplaude sin cesar, aparecen los vítores y los ojos aguados de probables hijos y nietos de los protagonistas que reflejan, no sólo el orgullo y la nostalgia, sino la felicidad de saber que una buena vejez también implica darse el lujo de jugar a ser feliz”.