Margarita Roa 12 septiembre 2022
Foto: É. Cayo Vieira

Esto es sobre Encuentros. ações de diálogo em dança Curitiba-Bogotá que tuvo lugar en Curitiba, Brasil, entre el 30 de mayo y el 11 de junio de 2022.

Concepción: Cindy Napoli y Mariana Mello.

Curadores: Augusto Ribeiro y Eloisa Jaramillo.

Interlocución de curaduría y coordinación artística: Mariana Mello.

Artistas residentes

CURITIBA: Ailén Scandurra, Bernardo Stumpf, Bia Figueiredo, Lívea Castro, Patricia Cipriano, Rubia Romani, Siamese, Vitória Gabarda.

BOGOTÁ: Jenny Ocampo; La Compañía: Juana del Mar Jiménez y Romany Dear; La Resistencia: Rafael Arévalo, Andrés Lagos-Brigitte Potente, Marcia Cabrera y Vladimir Giraldo; Paola Correa; Tapioca: Juan Camilo Herrera y Christian Valencia; Tika Michel; Margarita Roa Vargas.

Artistas invitado(a)s Residencia creación publicación: Elenize Dezgeniski, Francisco Mallmann y Thalita Sejanes.

Producción técnica: Lucas Amado.

Técnicos de sonido: Gui Miúdo, Paulo Ricardo.

Técnico(a)s de luz: Lucas Amado, Taynara Siqueira, Luis Santos.

Proyección: Tertúlia Produções Culturais.

Técnico de proyección: Vinícius Ruiz.

Receptivo e logística de catering: Priscila Maris.

Receptivo: Giovanna Saltori, Dânatha Siqueira.

Asesor de Comunicaciones: Eduardo Simões.

Diseño gráfico: Pablito Kucarz.

Documentación fotográfica y audiovisual: Cayo Vieira.

Asistente audiovisual: Joana Paula.

Personal chef: Cooking Experience.

Producción: Jade Benamor.

Coordinación de producción: Cindy Napoli Rumo de Cultura.


Primer intento

No había entendido la importancia de que Encuentros no fuera solamente un Festival, hasta que lo viví. Porque obviamente por más de que en la convocatoria inicial todo el proyecto sonara increíble, lo que más me interesaba era presentar mi obra. Solo ver una de las fotos que nos envía Cayo, el artista fotógrafo del evento, meses después, ya me hace emocionar, entender que voy a volver a recorrer momentos, intensidades, volúmenes, personas que conocí tan rápido y tan hondo y tan deliciosamente. Es como descubrir que ser artista, que ser bailarina, performer, que trabajar con el cuerpo, nos permea de formas tan distintas y nos permite conocernos a niveles extraños. No puedo decir que todas vivimos de la misma manera esos 15 días, pero sí había un nivel de comunicación constante. Un acercamiento, una escucha para participar viendo los trabajos de las demás, para estar en los talleres de las otras. Para disfrutar cada quentao, cada comida, cada caminata entre los espacios de trabajo, nuestras Casa Hoffmann, Casa Quatro Ventos y la Alfaiataria. Nos trataron como a estrellas gracias a unas condiciones específicas y mucho cuidado en la planeación. Voy a explicar por qué fue extraordinario: nos dieron pasajes aéreos, hospedaje, alimentación, viáticos y nos pagaron muy bien. Debería ser así siempre. No suena tan extraordinario para personas que trabajan en Colombia en otros oficios y viajan a veces por trabajo, pero si lo es para quienes trabajamos en la danza. Me sentía agradecida y orgullosa de estar ahí y cada momento lo sentí especial. Estuvimos contenidas en unas condiciones de trabajo ideales con 3 espacios fantásticos y un plan de trabajo increíble. Tuvimos la posibilidad de ver las obras de todas, la primera semana; y tener una segunda semana para crear juntas y seguir conociéndonos. No todo fue fácil, a algunas participantes les dio covid: Mariana Mello y Cindy Napoli se enfermaron la segunda semana, nada menos que la directora y la productora de Encuentros, y Ailén Scandurra, una de las artistas de Curitiba. También Priscila Maris que nos consentía con café y chá. Y la artista Livea Castro se sintió mal y no pudo venir dos días. Todo estaba tan organizado que hasta sin ellas todo fluía, logísticamente fluía. Solamente que extrañamos su impulso, su espíritu y esa manera radiante de estar en todo. Tuvimos que reponernos en la mitad de esa segunda semana y seguir tomando decisiones colectivamente. Había tanta escucha que a veces nos hacía falta determinación, pero la escucha estuvo abierta siempre. Nos faltó tiempo, pero cada día lo vivimos intensamente: cada nuevo grupo de trabajo, cada pauta que inventamos, cada manera de ponernos de acuerdo. No fue perfecto, tuvimos algunos pequeños fracasos personales y colectivos, pero ya lo había dicho Cindy el primer día: “no queremos que Encuentros sea perfecto, queremos que sea amoroso”.

Fue bonito sumergirse, hacer contacto visual con cada una de las participantes, sorprendernos. Me quedé con la boca abierta en más de un espectáculo de mis compañeras y en otras obras, con el corazón encendido. No entender, ser halada a terrenos escénicos desconocidos. Poder volver sobre las obras, pensar esas obras, tener el tiempo para hacer preguntas a las autoras, intercambiar, acercarnos y tocarnos. No porque hiciéramos danza contacto. Nos tocamos de mil maneras por estar a la escucha, la percepción despierta, la resistencia puesta, la muerte presente y la vida emergiendo.


Segundo intento

Sobre Curitiba y Bogotá y aquí y allá.

¿Dónde fuimos? ¿Qué hicimos? ¿Qué nos pasó? Solo 2 semanas y un montón de transformaciones. Hablar a profundidad con alguien. Hablar lo suficiente para hacerme una idea completamente distinta de lo que había creído que era, esa impresión que me había hecho solo observando su obra o saludándola por primera vez. La superficie en los bailarines en general es hermosa, sensual, abierta, con sonrisas que salen desde el fondo del alma. No es sino acercarse un poquito a cualquiera y entender las grietas y cicatrices que han esbozado esa sonrisa y esa gracia en el movimiento. La acción cotidiana de moverse, de pensarse, de arrastrarse, de saltar, de cerrar los ojos, de tener los ojos en todo y en todo el cuerpo, de estar a la escucha. De clasificar lo que oyes, lo que quieres saber y lo que no quieres saber. Tener un momento propio en este cuerpo. Tener un mundo propio para no desaparecer en pedacitos. Hacerse un espacio, un tiempo, un cuerpo y de vez en cuando, una obra. Y disfrutar los límites.

Encuentros fue un lujo. Conocer artistas de Bogotá y de Curitiba. Crear nuevas preguntas. Intentar “amarrar lo importante” como dijo Christian Valencia. Sentir la sensualidad de todos y todas y todes y todo y disfrutar. Ser yo, ser más, ser menos, ser otra. Querer. Compartir el tiempo.

Empecé a bailar para poder ir hacia atrás, para devolver los pasos. Bajaba las escaleras y las volvía a subir de espalda, muchas veces y en distintas velocidades, en el intento de devolver el tiempo. Detener. Cambiar las decisiones anteriores. Hacer eternidad, ir hacia adelante y hacia atrás otra vez.

Creamos dispositivos juntas, por ejemplo:

-Distintas formas de hacer nudos y desamarrar.

Pedir ayuda para entender los nudos de las hamacas.

Aprender los amarres.

Saber soltar.

Trenzar. Anudar nuestros pelos al lado de la ventana.

Hacer magia.

Hace unos años me pregunté por los súper poderes que quería tener, eran dos: saber desamarrar cualquier tipo de nudo y poder transportarme en la distancia y tocar.


Tercer intento

Entrega y resurrección.

Laboratorio de creación artístico Indistinta Lab con Bia Figueiredo.

Mi obra, Ninguna idea es mía había sido la noche anterior. Nadie se quería perder nada en Encuentros, yo tampoco. Entonces, aunque sabía que no iba a poder hacer gran cosa, porque estaba muy cansada, por supuesto me paré para asistir a la experiencia de Bia. Así como cada una de las artistas se había parado al día siguiente de su presentación, con un peso menos, aliviada, pero también exhausta. Creo que después de que presento mi obra quedo con una sensación de satisfacción, pero también de haberlo entregado todo, termino feliz, con el cuerpo necesitando estirar y con el alma necesitando ser consentida. Tuve una variante adicional en esta oportunidad porque había una proyección de la traducción de los textos de la obra al portugués. La traducción la hizo Mariana Melo, Marcia Cabrera me ayudó en el despliegue en tiempo real de la proyección y Paola Correa en la diagramación. Era como estar con otro cuerpo en la escena con el todavía no había ensayado lo suficiente. Tuve que contener un poquito la improvisación y la espontaneidad, para que lo que hablara coincidiera con lo que se proyectaba en mi segundo idioma. Y aún así, por momentos, me atreví a jugar con el presente, dando por hecho que dijera lo que dijera, lo iban a comprender. Qué suerte que Rafa Arévalo estaba también invitado a Encuentros con su ex Resistencia porque pudo nuevamente colaborarme diseñando la iluminación. Si lo pudiera volver a hacer, estaría más tranquila sabiendo que todas formas todo se entiende, o sabiendo que lo de menos es comprender al pie de la letra lo que se dice, porque lo que se hace y se comparte en escena es mucho más amplio, tiene más capas. Fue en todo caso un desafío.

Así llegué al laboratorio guiado por Bia. Con tierra trazamos los huesos del otro. Por parejas, delineamos los huesos del otro con el peso de bulticos de tierra que distribuíamos. Hacer sentir con la tierra y con mis manos. Tierra negra. Fui feliz también recibiendo, descansé, necesitaba descansar. Sentí las manos de mi pareja poniéndome tierra y haciendo caminos. Inflamos bolsas de agua caliente y las pasamos por el cuerpo desdibujando los contornos, sentimos los fluidos. Borramos los límites. ¿Qué líquidos tenemos? Cuánta agua y materia viscosa adentro de nosotros. El agua era calientica y me la puse en los pies. Solo puesta en un lugar del cuerpo, esa agua abría caminos hacia otros lados. Inflamos bolsas de aire. Soplamos adentro y afuera. Hacia el exterior. Movilizamos el aire en el espacio. Inflamos, desinflamos. Recorrí y sentí las texturas del linóleo con rastros de tierra a pesar de que se había barrido después del primer ejercicio, recorrí las paredes de ladrillos, arenosas y los huesos de mis compañeras, duros y la carne de mis compañeras, permeable. Mi agua encima de otra agua, de otra tierra, de personas que se movían. Todo se movía. Todo respiraba. Era jueves, pero parecía domingo. Interactué con el espacio libre, con las paredes, con mis compañeros, con los satélites y la traslación y la rotación. La voz de Bia salía de un micrófono. Me pareció una grandiosa idea usar un micrófono para poder susurrar indicaciones y ser escuchada. Para hacerte sentir que el salón de danza se transforma en un espacio poético, donde nuestras materias mutan mientras somos guiadas y leídas. Y en un momento quedé encima de un cuerpo que no sabía quién era y me dije: “Estoy aquí para descansar sea quien sea”. Ese cuerpo me acogió. Y ahí quería estar después de haberlo movido todo, arrastrado todo, respirado todo. Me incorporé y fui masa. Fui parte.


Cuarto intento

Lo supe en el avión: El cielo existe.


Intento cinco

A veces es de morir solo mirar a alguien. Las energías que se atraen. Lo que ves en las demás O te inventas O sientes O percibes O crees y te conectas de todas maneras. Traes un objeto significativo de tu casa o de la habitación del hotel para compartir en la sesión. Este es el tipo de pautas que nos propusieron nuestros curadores Eloisa Jaramillo y Guto Ribeiro. Te dejas escoger por el objeto. Exploramos con ese objeto creando una acción y después hicimos una rueda para mostrar y hablar. Tal vez lo más importante de ser bailarín es hacer rueda todo el tiempo. Ruedas para adelante, para atrás, de lado. Hacer ruedas para entender que el cuerpo es un círculo y entonces entiendes para qué lo extiendes todo el día: para hacerte círculo, para hacerte bolita, para doblar, para aprender a doblar. Y doblas tanto para aprender a estirar y a tirar, definitivamente eso también.

Cada uno trajo un objeto significativo. Cada una se dejó escoger por el objeto de la otra y surgieron unos gestos. Parecíamos chamanes, brujas, convocando, evocando, llamando, trayendo, escuchando al objeto, creando una acción. Nos dejamos permear enriqueciendo el tiempo. Hacer gestos en el tiempo que es lo único con lo que contamos. El material de la danza no es el cuerpo, es el tiempo. Multiplicar y ampliar sentidos. Contener y permitir explosiones y brillos.


Sexto intento

Permear, abrir canales, abrir percepciones.

Taller Danza Deseo con Andrés Lagos–Brigitte Potente.

Llegamos al taller de Andrés Lagos–Brigitte Potente. Primero y por un buen rato, cada uno consigo mismo tenía la tarea de conectarse con la tierra. Y después sin perderte a ti misma, mirabas a los demás, eras mirado y mirada, pasabas entre una y otro, por la selva. Hacías aparecer los huesos de la otra. Hacías aparecer el espacio a través de los huesos de la otra. La pauta era no perder de vista el espacio, no perder la conexión con las otras y sobre todo, no perderte a ti misma. Me quedaron resonando unas frases de nuestro guía espiritual: “Lo haces muy bien, lo haces muy bien, lo haces muy bien”. “Esto no se va a repetir”, “Esto no se va a repetir, esto es único”, “Encuentra espacio a través del espacio”, “Conecta con las otras, no te escondas”, “Conecta con tu boca”, “Conecta con tu ano”, “Conecta la boca y el ano”.


Séptimo intento

Una noche hablé con Rubia mucho, fue muy intenso. Tenía muchas preguntas: ¿Por qué haces esto? ¿Por qué así?

Quedé sorprendida y amplificada con todo lo que hablamos. Maravillada con todas sus facetas, escuchar de dónde sale su belleza y todas las posibilidades de transformación que tiene. De dónde viene su drag king y de dónde la obra que vimos Strip Lilith: Observatório.

Una obra – estado.

Rubia Romani desnuda abriendo su vulva para todos, en un escenario creado a partir de un diseño de luces impecable hecho por Lucas Amado, una silla de reina, una peluca de pelo largo negro y una tela roja. Así mucho tiempo, todo el tiempo. Sin cambiar de posición y al mismo tiempo con pequeños cambios de estado. Pequeños, muy pequeños sobresaltos o largas respiraciones. Escuchando y escuchándose. Exponiéndose. Con una peluca puesta, pestañas postizas y abierta de piernas y de pecho. Dos pezones con guirlandas. Un camino largo para llegar ahí, lleno de cicatrices y de vida. Y de prácticas del cuerpo y de prácticas del alma, ¿o hay alguna diferencia?

Esto no sé si lo puedo enriquecer para que se sientan los estados de Rubia y los estados del público, las incomodidades y la resistencia mutua y lo que se atraviesa en el tiempo eterno de esta obra: los ojos abiertos y cerrados, el pecho y el vientre que se expanden y se relajan, lo mínimo. La energía que se sostiene. El silencio mutuo. Lo incomprensible. Varias veces pensé: “¿Por qué esto?” y después pensaba “¿Por qué no?”. Cuando le conté a Juliana Rodríguez aquí en Bogotá, sobre estas contradicciones que tuve como espectadora, me dijo: “de pronto la obra se trataba sobre esos pensamientos del público que se aceleran al tener una imagen tan desbordada y quieta”. De pronto puedo leer sobre el tantra para describir mejor las escenas, la única escena, todas las escenas, la puesta en escena de lo íntimo. ¿No son así todas las buenas obras?

Esto dice Google:

-El sexo tántrico es una forma lenta, meditativa del sexo en donde el propósito no es el orgasmo, sino disfrutar la actividad sexual y las sensaciones del cuerpo. Se enfoca en mover la energía sexual a través del cuerpo para sanar, transformar e iluminar.

-Tantra para mujeres es la unión de las dos polaridades que habitan en toda mujer. La energía sexual es inherente al ser humano y se manifiesta en dos polaridades, comúnmente denominadas como masculina y femenina, negativa y positiva, ying y yang.


Octavo intento

Aquí puede ser bonito recuperar una palabra del texto anterior.

La resistencia. Colectivo de Artistas. Vladimir Giraldo, Márcia Cabrera, Brigitte Potente y Rafael Arévalo.

Obra: Muerte accidental intencional de un colectivo anarquista o me robo hasta los títulos.

Esta obra fue un ritual sobre las muertes deseadas y las muertes inevitables, al que nos fueron induciendo durante toda la semana con mensajes debajo de la puerta, con papelitos que circulaban clandestinamente, con tareas para pensar y hacer.

Quema lo que quieres dejar ir. Con fuego.

Cede al deseo de abandonar. Acabar. Matar.

Lo diste todo, necesitas acabarlo, hazle su ritual.

Trasmuta.

Abandona un sueño.

Fue también un ritual de muerte para un colectivo de artistas: La Resistencia.

Fue un ritual compartido lleno de ofrendas, besos, danza, canciones originales y canciones improvisadas en cuatro micrófonos.

Fue hacer partícipe. Dejar ir y bailar.

Que entre la luz sutilmente, que quedemos extasiadas todos los días. Que se haya bailado hasta la última gota, que se haya movido hasta el último hueso.


Noveno intento

Vitória Gabarda. Obra: Picareta

Brillo interno.

Fuerzas femeninas y masculinas. Yo que pensé que todo en ti era femenino. Pero ninguna de nosotras lo tiene todo femenino o masculino.

¡Tu pelo! Tu cabeza creando ondas con ese pelo abundante, largo y brillante. Tu cabeza y tu torso repitiendo mil giros mientras un texto personal y revolucionario suena en mi segunda lengua, ese portugués del cual solo entiendo la mitad o el 35%. El resto lo cojo por afecto.

El texto de Vitória es profundo y revolucionario, se lo voy a pedir, para corroborar mi intuición.

Después ella performa una caminata agresiva y circular que se va transformando poco a poco. Una caminata a la defensiva, desafiante y orgullosa, sensual y fuerte, femenina y masculina o lo que sea que todas somos: fuerza. De pronto saca un taser y lo mueve y lo mueve haciendo curvas. La luz que desprende va creando ondas en el espacio. El arma se bambolea con el ritmo de la música, algo surge de las profundidades: rabia. Vitória muestra lo difícil que es ser mujer para ella, pero esa luz que emana es un hechizo. “¿Cuánto de ficción hay en mi cuerpo?” es una de las frases con las que arranca la obra. Me acordé de un sueño que tuve hace cuatro años, era algo así como que mi cuerpo real nunca iba a coincidir con la idea que tenía de mi cuerpo. ¿Cuánto de ficción somos todas? ¿y todos? ¿y todes? ¿cuánto hemos creído? ¿cuánto hemos creado? ¿cuánto hemos sufrido para entender y disfrutar el cuerpo que habitamos? Ella se ha sabido mujer. Yo la conocí mujer. Y de repente verla vulnerable, oírla hablar de que tiene un lado masculino. Verla defenderse, ver la fuerza descomunal que implica caminar por la calle, solo por ser mujer. Por crearse esa ficción. Yo ni me atrevo a caminar de noche sola en Bogotá, ¿cuántas violencias nos atraviesan? La artista argentina Camila Sosa habla en su novela Las malas, de todas las fuerzas que requiere para ser quién es. Fue muy impresionante esta obra y todo Encuentros. Yo nunca había convivido con trans en toda mi vida. Estuvimos con Vitória y Siamese dos semanas, todo el día, todos los días creando juntas, discutiendo, conociéndonos, compartiendo. ¿Me pregunto dónde están las trans en Bogotá? ¿Su único lugar es en la prostitución, o en algunos desfiles o espectáculos ocasionales? Si es que estamos retrasados por aquí. O tal vez la atrasada sea yo, por dónde me muevo. Y eso que trabajo en el medio de la danza. Para mí esta obra de Vitória fue una experiencia brutal sobre todo por su estructura, pero también por el sentido, la carga y los estados emocionales que me hizo atravesar.

Vitória es una mujer y eso es una ficción y es una realidad y es un dolor. Una ganancia y un enfrentamiento cotidiano. Es una lucha algo tan simple como que te guste el café o no, el chocolate o no, el pollo o no, los huevos o no. ¿por qué se volvió tan complicado escoger?

Una tortura

Un valor

Una valentía

Una dicha

Una mujer

Una historia


Décimo intento

Llorar en cada encuentro, pensando en la belleza, la fragilidad, la potencia y la estructura. No soy la única que lloro. Una vida para comprender, una vida para compartir. Aquí estamos 2 semanas para sorprendernos, mostrar lo que queremos mostrar y lo que se escapa de cada una. Estar adentro de la estructura del proyecto de la otra, entrar a los ojos de la otra, entrar en los huesos de la otra. Renovarse, confirmar, cambiar, despertar, explotar. La latencia. Querer más y querer más. Como si cada obra estructurara heridas y la estructura transformara las heridas “en musgo que brota de la tierra”, como decía Bia en su laboratorio. Una comunidad de artistas diversas, potentes y amorosas. Estructurar el amor, matar el amor, volver a empezar. Tener ideas y cambiarlas. Dejarse transformar. Como si cada una de nosotras fuera una bomba. Como el nombre de la obra de Patricia Cipriano: Dentro do peito uma bomba. Como la obra de Paola Correa: Ver, oir, callar y en algún momento, inevitablemente, explotar. Darle forma a la bomba, querer la bomba y la espuma, y las burbujas explotando en la boca.


Intento 11

Una mañana soleada alguien dijo sobre Livea Castro que le sorprendía tanta belleza, en todos los aspectos, que era tanta, que casi no la podía mirar. Mucha luz. No lo había pensado así, pero tiene razón. Aunque a mí lo que me genera es como una fuerza de imán, quiero saberlo todo, si se nos da, de repente, un día, si coincidimos frente a frente en la mesa del comedor, para almorzar. Me sorprendió cómo logramos hablar de varias cosas, así por casualidad, y apenas nos paramos, estábamos divididos en 3 grupos, y ella, que estaba en mi grupo, ni nos dejó respirar. Dijo: “si les parece, quiero proponer algo”. Y yo nunca había vivido tan clara esa conexión entre lo que se habla y lo que se es, entre lo que se quiere mover en las demás y una pauta de movimiento, entre la vida y el arte, entre almorzar y trabajar, entre tener confianza en sí misma y compartir, entre la teoría, la práctica de vida y el compartir un experimento, dar una dirección. Y pudimos todas ser llevadas y llevar.

Dispositivo:

Cuidar a dos personas con los ojos cerrados al mismo tiempo, una a tu izquierda, otra a tu derecha. Caminamos y caminamos y caminamos en la calle, entre la casa Quatro Ventos y Casa Hoffmann.

Hacer un silencio nuevo.

Estar en el presente, escuchar los desniveles en el piso, la aprehensión o soltura de cada persona que llevas. Estar atenta a los cambios de peso y las velocidades de cada una. Escuchar los carros, el tráfico, las personas que cruzamos, los pasos y las conversaciones ajenas, el viento y los pájaros.

Y después combinar hablar mientras caminamos. Escuchar hablar del cuidado y ser cuidadas.

Hablar de ser cuidado y simultáneamente cuidar a alguien con los ojos cerrados.

Hablar de situaciones de riesgo y simultáneamente llevar. Compartir situaciones íntimas y memorias con los ojos cerrados.

Hablar de situaciones de riesgo con los ojos cerrados y ser llevadas.

Soltar cuando era posible. Soltar cuando era necesario.

Habitamos el tiempo presente y tiempos pasados.

Viajamos en el espacio hacia otros espacios y memorias.

A Tika se le ocurrió combinar en su relato, ficciones que tenían en cuenta las características del espacio real, el camino con sus obstáculos, y nos hizo viajar de la luz a la sombra y todo se amplificó aún más.


Intento 12

Abrir las posibilidades para entender y conversar sobre otras historias, otros deseos, otros caminos y quedar satisfechas. Me gusta esa seducción que conlleva conocernos y darnos a conocer. No agarramos: “te veo, te dejo” nos hacía repetir Livea en su taller. Dejarlo todo en potencia. Somos tierra que va para la tierra, somos verde buscando la luz, somos diferentes dejándonos permear.


Intento 13

Lo más interesante además de estar en una ciudad pequeña que nos acogía hasta cuando llovía, que era casi siempre, fue estar allá para conocer artistas bogotanas que no conocía, nos habíamos cruzado, pero nunca conocido. Lo mejor fue convivir y sentir las hermandades y diferencias entre nuestros trabajos, conocernos en portuñol. Imaginamos y compartimos bajo la velocidad de la luz de los aeropuertos y los desayunos del hotel, nuestras vidas reales, nuestras vidas colombianas, nuestras vidas pasadas, nuestras vidas futuras y creamos movimientos revolucionarios. Tuvimos un presente juntas, a través de este encuentro intercultural latinoamericano.


Intento 14

Estuvimos en Curitiba, las colombianas entre la primera vuelta y la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2022. Estuvimos dichosas, pero estábamos también, en pánico, a la expectativa de qué iba a suceder con los resultados de las elecciones. Todas votamos, que no quede duda. Nos encontramos frecuentemente en la calle con graffitis que decían: “Fora Bolsonaro”. Fuimos acogidas por políticas culturales mejor organizadas que las nuestras, dentro de Encuentros, un festival atípico, que no es un festival, ni tampoco un taller, ni una residencia artística, ni una publicación, ni materia, ni graphia, ni tempo, donde no somos todos heterosexuales, no somos todas trans, no somos todas gays, ni todas bi, ni todas polígamas, ni todas monógamas, donde no somos solo fiesta, donde no somos solo músculo y guantes de boxeo, ni nuestras banderas rotas, donde no somos solo pensamiento, ni solo movimiento, no tenemos todas Instagram, no somos solo conflicto, ni somos solo escena, ni somos todas Vaupés, pero si somos todas selva, somos una piedra afuera, una piedra adentro, una piedra que entregamos, una piedra sobre la cual gritamos y cantamos. Somos, fuimos y seremos polvo, y antenas para la conexión.