Camila Galindo 14 agosto 2017
Ilustración (detalle): Tatiana Benavides

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LOS HUESOS DE LO EFÍMERO:
DE LA ADAPTABILIDAD A LA NECESIDAD[1]

No es necesario tener una artillería completa para desencadenar una guerra de corazones abiertos, una lucha danzada escrita desde los pies.

Antes de hablar de historias debo reconocerme en la ductilidad del tiempo, antes de dar la sentencia de mis días, he de aceptar que mi cuerpo es el lugar donde suceden las mayores revelaciones de mi destino. Así que antes de profundizar en una exégesis más de lo que ha sucedido en nuestro país cultural y artísticamente, es importante echar un vistazo a los procesos de transformaciones y modificaciones en los seres humanos a través de la historia. Propongo un diálogo desde el concepto científico de adaptabilidad en correspondencia a las necesidades, como análisis para el campo de estudio de la danza, tema aparentemente lejano para el quehacer; sin embargo, considero ineludible contemplar diversas perspectivas de nuestros orígenes, pues muchos de estos procesos corresponden a una metamorfosis, consecuencia de las exigencias geográficas, cronológicas, sociales, biológicas, etc., y que obtienen como respuesta diferentes variantes en nuestros comportamientos, lo que posiblemente sugiere, orientado al campo específico de la danza, un verdadero reconocimiento de la diversidad de culturas, cuerpos y países para la construcción de nuestro capital artístico. Aunque el tema de la adaptabilidad y la evolución son temas de investigación de las ciencias naturales y la biología, no deja de ser una onda vibratoria que se propaga, resonando hasta nuestros días en cada aspecto de lo que somos; es decir, las condiciones del entorno y las características del ambiente han suscitado cambios de todo orden, desarrollando mecanismos y estructuras de sobrevivencia en los individuos.

El concepto de cuerpo ha navegado por campos de acción que le conceden acepciones múltiples; sin embargo, no cabe duda, que éste es fuente primaria de la experiencia y establece contenidos de apropiación que generan inscripciones de representación de la realidad, revelándose como documento o texto físico, que reseña, narra, informa y escribe, construyendo simbolismos para manifestarse. Desde el albor de nuestros días, estos procesos de representación surgieron como respuesta a una necesidad individual/colectiva de reflejar las perspectivas e interpretaciones de los sucesos cotidianos, del universo y sus afectaciones. Los pictogramas, sonidos o movimientos, se han estructurado en códigos y signos dentro de un sistema de comunicación para articularse de manera universal como lenguaje.

Las evidencias de las representaciones de los primeros hombres en la historia revelan métodos que surgen de forma natural e instintiva para depurar e interpretar sucesos cotidianos; el cuerpo fue el vínculo principal para establecer esas relaciones con el entorno, iniciando un proceso individual de exploración del mundo a través de los sentidos, obteniendo estímulos y respuestas que convergen en la construcción de conceptos con una significación, como lo menciona Luz María Vargas, en su texto Sobre el concepto de percepción, como “niveles de apropiación subjetiva de la realidad”[2] (p.47), que más adelante se compenetran en un colectivo.

Con la necesidad de manifestarse los individuos hallaron recursos físicos que les permitieron exteriorizar sus ideas, de ahí que los primeros trazos sobre una superficie y la combinación de movimientos dentro de su ambiente, establecieron diálogos de poder, verdades y ritual, instalando una forma de comunicación que declaró el comienzo de una nueva era. Las vivencias les exigían encontrar expresiones claras para comunicarlas al otro, de allí la estructuración de sistemas como la escritura cuneiforme, las danzas rituales, y la avalancha de eventualidades que devienen a lo largo de la historia.

En cuanto a las necesidades de un individuo por instalarse en un ambiente, se enfoca la atención en una situación que nos exhorta de manera inevitable a ser partícipes de correspondencias naturales por condiciones ofrecidas en el medio; como argumento deviene la adaptabilidad y la evolución, que sugieren reformas, alteraciones y quizás ajustes de manera más universal para incorporarse naturalmente. Como ejemplo, me remonto a millones de años atrás, cuando la especie sapiens, dentro de sus exploraciones, encontraba herramientas de sobrevivencia, cuando no solo buscaba la manera de caminar erguida como una necesidad, sino como una estrategia de adaptabilidad para conservar energía y enfrentar las actividades diarias, que con el paso del tiempo nos ha beneficiado hallando otros mecanismos, sistemas, dinámicas y calidades de movilidad, dando apertura a una transformación del lenguaje corporal, que posiblemente más adelante abrió caminos para generar estructuras en la danza.

De acuerdo a lo anterior, traigo a colación nuestro país como escenario de una mixtura de patrones, ejemplos, necesidades y procesos de colonialismo, que busca cimentar lo propio como identidad, asumiendo roles, posturas, costumbres e ideales, de herencia generacional. Considero que de esta manera en la Danza contemporánea se pueden hacer visible los procesos de adaptabilidad evolutiva y necesidad, tanto desde el surgimiento de los movimientos, la liberación del ser y sus exigencias internas y externas, como los factores del medio dancístico que han hecho de la técnica[3] y la danza una constante difusa. Las oscilaciones en el tiempo nos han brindado un contexto diferente de apropiación y ejecución, como “una necesidad de equilibrar la identidad propia con las nuevas demandas globales.”[4], para encontrar un equilibrio dinámico que estructure y posicione nuestra labor, entre lo heredado, la necesidad y las condiciones ofrecidas.

He aquí una reflexión para cuestionar nuestro lugar de enunciación frente a la danza en Colombia, sin rechazar o despreciar la labor de generaciones pasadas, ni estimando a ojos cerrados lo que la dulce melodía de la repetición globalizada merodea los tímpanos, pues personalmente no me interesa ser una réplica, ni estar a la sombra de los errores de otros, prefiero analizar, comprender e indagar en búsquedas de construcción y entendimiento, a través de la información infinita que merodea el mundo, para que quizás me identifique como individuo danzante que acierta o desacierta a la luz de su propio intento. Así, en la danza contemporánea se busca reconocer la identidad junto a las implicaciones de un territorio sobre el cuerpo sensible, o la diversidad de códigos amparada en la comunicación retroactiva de un lenguaje próximo a expresar; entonces, se toma consciencia sobre los rasgos propios y del contexto, que de esta manera se intervienen para adaptarlo a las intenciones de cada bailarín.

Con esto, no planteo que se unifique un estilo específico de hacer danza, ni mucho menos una manera concreta de danzar como colombiano, simplemente me anticipo a un proceso de reflexividad en el que propongo que seamos conscientes de las raíces que nos anclan al momento de proyectarnos en la danza. No obstante que la sensibilidad, lo orgánico y lo más próximo al instinto se declaran en la danza contemporánea, tampoco se abandona el hecho de haber vivenciado cierto tipo de situaciones que remueven fibras en la historia de cada uno de nosotros; los escenarios sociales afectan inevitablemente el desarrollo del individuo, su cuerpo y las maneras de aproximarse al movimiento.

Los huesos de lo efímero es el comienzo de un viaje en el que naufrago a través del interior de nuestra estructura como seres humanos junto a las exigencias del mundo, para hallar un soporte orgánico del movimiento, de nuestra danza y nuestra memoria, comprender que cada experiencia florece en los huesos como soporte del instante danzado, porque debajo de esta piel llueven los versos que se desaguan en el vientre y estructuran el esqueleto de mi danza efímera.

 

REFERENTES BIBLIOGRÁFICOS

  • Bordieu, P (2010). El sentido social del gusto. Buenos Aires-Argentina. Siglo veintiuno Editores.
  • Ministerio de Cultura (2014). Libro Huellas y tejidos – Historias de la Danza Contemporánea en Colombia. Bogotá.
  • Vargas Malgarejo, Luz María (1994). Sobre el concepto de la percepción. Alteridades. 47-53.

 

 

 

[1] El presente artículo es una síntesis de un trabajo de investigación que se ha desarrollado a lo largo de mi carrera profesional en Arte Danzario de la Facultad de Artes ASAB, y que finalmente se consolidó durante la asignatura “Seminario historia, teoría y apreciación de la danza contemporánea en contexto IV”, a cargo del Maestro Julián Garcés. De la adaptabilidad a la necesidad se fundamenta en las indagaciones sobre algunas teorías de los procesos de la evolución del ser humano en relación a su entorno, como medio de transformación. Este trabajo está sustentado principalmente por los estudios del erudito H. Spencer, quien aplicó el término de adaptabilidad en las disciplinas de la ciencia, la biología, y las humanidades.

[2] Tomado del sitio web: http://www.redalyc.org/pdf/747/74711353004.pdf

[3] La técnica en danza es el uso consciente de pautas (movimientos, formas, figuras, dinámicas, cualidades, etc.), que de acuerdo al desarrollo paulatino de las capacidades y condiciones físicas/mentales de cada bailarín, las ejecuta según su criterio.

[4] Guash, Anna María, 2004, p. 15.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_gallery type=»image_grid» images=»3001,3002″ title=»Ilustraciones»][/vc_column][/vc_row]