Margarita Roa 14 marzo 2016

[vc_row][vc_column][vc_column_text]Compañía: Gorguz Teatro y Universiteatro
País: México
Festival Iberoamericano de Teatro
Funciones: 11 al 14 de marzo

Una fiesta, un duelo, un corazón abierto. Misa fronteriza es una obra que nos habla de un territorio congestionado: Nuevo León en México y Baja California en los Estados Unidos.  De una manera muy amena, con las luces del público prendidas casi toda la obra, tres actores y dos músicos nos envuelven en un “perfomariachi”.

Asistimos a una ceremonia compartida donde el público participa de un universo musical que se va desenvolviendo desde rancheras, rock y música norteña. Para que los espectadores volvamos a sentir que solo una canción nos puede salvar cuando no hay nada más que hacer, cuando un cantante se convierte en nuestro redentor, cuando una estrofa es la única inyección que nos permite sentirnos parte de una raza frágil y perdedora.

Mientras tanto, vamos conociendo las raíces de un pueblo que están atravesadas por el inglés y el español, por la ilusión  y la desesperación, por la plata y la familia, por la indiferencia hispana y la violencia gringa, por la ausencia, el calor, la resistencia, el desarraigo y el mestizaje.

La frontera que se representa al inicio de la obra, con una cinta amarilla de no cruzar pegada en proscenio, se va volviendo cada vez más agresiva, y con tres ladrillos y un alambre de púas alcanzamos a percibir la dureza de un muro. Pero “seguimos cruzando”.

Esta obra denuncia, se burla, e invita a seguir cruzando, a trasgredir, a cerrar los ojos, a tomar trago, a rezar, a cantar José Alfredo Jiménez y a tener contacto real dentro de la sala de teatro. Esta misa logra crear una comunión entre seres humanos arriesgados y débiles, aventureros y con miedo, entre pueblos que sufren simultáneamente varios tipos de violencia y tienen necesidad de celebrar y de mantener el corazón blandito.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]