Laisvie Andrea Ochoa 10 febrero 2016
Foto: Lucas González Canosa

[vc_row][vc_column][vc_column_text]Del 21 al 26 de septiembre de 2015 se realizó el primer Encuentro de Danza e Integración Latinoamericana en Buenos Aires, Argentina. Fuimos convocadas compañías, agrupaciones y personas que venimos trabajando desde la danza con personas con y sin discapacidad desde diferentes aproximaciones y nominaciones. Danza inclusiva, danza integradora, danza de habilidades mixtas, danza integrada, sin límites, con alma… cada grupo apelando a diversos adjetivos pero a un fin común.

El encuentro fue por supuesto la oportunidad de sentirnos parte de algo más grande, de un movimiento que no tiene fronteras, que celebra la diversidad y se preocupa por el toque subjetivo y humano de nuestro quehacer artístico. Por ello no hubo realmente discusión en relación al nombre, pues en definitiva no buscamos la homogeneización y, además, era evidente que lo compartido trascendía la palabra y se anclaba en el cuerpo, en cada contacto, en las prácticas de amor y cuidado desde las que bailamos.

Desde la llegada al esplendoroso hotel Savoy, donde todas nos hospedamos, se hizo evidente que la diversidad era nuestra alegría compartida. Cada persona era diferente, cada discapacidad única, cada grupo tenía su propia dinámica y cada obra su propio estilo. Pero compartimos un denominador común, la ética del cuidado. El punto de encuentro se daba cada vez que debíamos subir o bajar del transporte, donde aparecían manos amigas para ayudar a ensamblar ruedas, espaldas para sostener abrazos, brazos para alzar desde la mirada y sonrisas para combatir las dificultades.

En el primer taller a cargo de AM Danza de Venezuela se hizo visible el gran espacio que ocupábamos juntas, un espacio significativo y alegre. No tardó la emoción en abarcarnos y dejarnos por una semana en un estado casi eufórico que nos demandaba constantes caricias, sonrisas, ojos radiantes y mariposas en el estómago.

Fue una experiencia de apoyo, de ser responsables no solo en el ámbito individual, sino con quien nos rodea, un ejercicio cotidiano de inclusión; el cual implica una sensibilidad especial que por ser bailarines de estas compañías tenemos muy desarrollado. Es decir, pareciera que el cuerpo de quien baila en un grupo de habilidades mixtas es aún más sensible a la presencia del otro, a leer las necesidades y a estar presto a la ayuda. Esta cualidad es también fundamental en la escena y claramente nos enriquece como bailarines.

El humor también nos unió profundamente; tener la libertad de hacer bromas sobre la discapacidad hace que las dificultades pierdan peso y los buenos momentos vuelen lejos. Además, la bulla alegre que generábamos a nuestro paso evidenciaba nuevamente que compartimos un contexto y una manera de estar en el mundo. Poder reírse de una misma es una gran cualidad que las artistas escénicas atesoramos.

Cada persona se conectó de manera especial con otras personas en específico, y así no sólo se crearon vínculos institucionales, sino lazos profundos de amistad que seguramente posibilitarán la expansión de nuestra red en el tiempo. Es de aplaudir la organización del evento; el equipo de producción se destacó por su sensible organización y por demostrar que soñar en grande puede convertirse en una realidad que impacta significativamente. Para ellas, mi gran admiración.

Éramos muchas y sabemos que muchas otras faltaron, que también hacen parte de nuestro cuerpo multiforme, plurisensorial y sin fronteras ni limitaciones. Quedamos atentas a la próxima versión de este maravilloso encuentro que además de visibilizarnos ante la sociedad, nos demuestra que hacemos parte de un movimiento poderoso.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_gallery type=»image_grid» images=»2852,2853,2854,2855,2856,2857,2858″ title=»Fotos: Lucas González Canosa»][/vc_column][/vc_row]