Casting Lear

Reseña de una espectadora que no logró entrar

Tenía muchas ganas de ver Casting Lear, presentada en el FIAV 2026, porque Jorge Mario Escobar, mi esposo, me la contó. Me dije, “tengo que verla aunque en la plataforma aparezcan todas las boletas vendidas”. Me fui al Teatro Libre a tentar la suerte, como cuando tenía 20 años. Pero no pude entrar. Entonces escribo. Escribo lo que Mario me contó. 

Es una obra dirigida por Úrsula Martínez y Andrea Jiménez, con la colaboración en la dramaturgia de Olga Iglesias, producida por Andrea Jiménez, Teatro La Abadía y Barco Pirata.

La escenografía es una pequeña tarima encima del escenario, eso es todo. 

En cada función están en el escenario la actriz Andrea Jiménez, el actor-asistente Pablo Gallego y el casting Lear, es decir, un actor local diferente cada vez que se presenta la obra. En Bogotá hubo tres funciones, 31 de marzo,1 y 2 de abril, cada una con un actor invitado distinto: Coco Badillo, Juan Manuel Combariza y Julio Correal. 

Rosario Jaramillo, a quien nos encontramos viendo otra obra del Festival, nos contó que había ido al conversatorio de Casting Lear donde la actriz había explicado que al actor solo le envían un mensaje corto y que se conocen en la escena. 

Yo asistí, o mejor dicho, mi esposo asistió a la función con Coco Badillo.  

Frente al público, Jiménez explica que Coco va a recibir sus textos e indicaciones de parte de Pablo Gallego, que se encuentra también en el escenario, a través de un intercomunicador.  Se le ve al asistente hablando pasito y se alcanza a escuchar un murmullo que le llega a Coco; y Coco hace y dice lo que le indican. Supongo que él ya se había leído Rey Lear de Shakespeare, de pronto varias veces, pero eso es solo una suposición. 

Lo que hace esta obra es mezclar algunos textos del Rey Lear con el tema que la actriz debe tratar con su padre. Para quienes no saben, Rey Lear se trata de un padre que le dice a sus hijas que le declaren su admiración y afecto para él tomar decisiones sobre cómo distribuir sus tierras y su corona. Dos de sus hijas le declaran un discurso floripondio y empachado, mientras que Cordelia, la menor, le dice que no va a decir nada. Hay un subtexto que es como: “si quieres no me dejes nada, qué oso tú pidiendo discursos pomposos y con ese ego…”, pero es un subtexto en inglés antiguo de 1606.    

La obra traza un paralelo porque la actriz tiene un padre que quiso dejarle su negocio en un club de tenis, pero ella prefirió no recibir esta herencia porque quería dedicarse al teatro. Y la comunicación se fracturó, ella explica eso en escena. Ella necesita una transferencia, una ilusión para creer que puede, a través de estas presentaciones y con esos padres prestados, siempre distintos, tener un proceso de reparación y de paso crear. Crear con “eso”. O hacer “eso” para poder seguir creando después. O crear “eso” para seguir viviendo. Eso ella no lo dijo así, es mi interpretación. 

En un momento dado ella le dice a Coco Badillo: “Hasta aquí llegó tu actuación porque ahora vamos a leer el Rey Lear”. Le quitan el intercomunicador. Imagino que el ritmo debió cambiar porque Coco ya no debía escuchar para responder. También el tono debió cambiar en algo, porque ahora están más o menos en las mismas condiciones, los dos leyendo a Cordelia y a Lear. Yo creo que ese momento debió de ser como cuando ves el río Gaulí desembocar en el río Magdalena.         

Ella le pregunta a Coco que si es papá. Sí, tiene dos hijos, una hija y otro de quién se hizo cargo y a quien considera su hijo. Hubo una escena que Mario contó mientras se le escurrían las lágrimas, estaba emocionado contándola, es un momento de presente total, donde prima la escucha porque no hay indicaciones para el actor, es una escena donde ni los espectadores, ni los lectores de esta reseña, pueden entender del todo; no pueden entender lo que sucede entre los dos seres humanos que están frente al público. Algo parecido dice el actor que hace de Sergio Blanco en Tierra: “toda obra debe tener un poco de misterio”.   

Lo podía ver a Coco con toda su experiencia participando, actoralmente pero también afectivamente, si es que no es lo mismo. Hablan durante la obra sobre el perdón. ¿Coco había perdonado? Él respondió que había logrado perdonar algunas cosas, pero que otras no podía perdonarlas. Es un tema salvaje el perdón en la familia. Nosotros en Colombia hemos pasado y seguimos pasando por procesos largos de reparación. Hay métodos, protocolos, procedimientos. 

Andrea Jiménez fue capaz de inventarse su propio procedimiento, su estructura y sus reglas al lado de su equipo de producción y de un casting para tener diferentes padres, diferentes contrincantes en ese partido de tenis que no termina o que termina provisionalmente en un aplauso, para al otro día encontrarse con otro jugador y perder un poco y ganar un poco, porque en el arte escénico, aunque se suda mucho, lo que se gana se gana colectivamente, con los compañeros de escena. 

Aunque pensándolo bien, no es tan diferente en las canchas de tenis. Recientemente, en la ceremonia final del Miami Open, Coco Gauff, en su discurso al haber perdido contra Aryna Sabalenka, le dice: “Hemos tenido muchas finales. Cada vez que nos enfrentamos, me empujas a ser mejor jugadora”.      

Ser escogido como actor para este papel me parece un trabajo soñado, tener unas indicaciones y que sean los años de experiencia que se evidencien palabra por palabra, gesto tras gesto, silencio tras silencio. Que aparezca toda la experiencia improvisando, memorizando, respondiendo, escuchando, proponiendo y que aparezca también toda la experiencia de vida arriesgando, fracasando y levantándose, en esa especie de juicio donde todo está mezclado, en ese juego donde lo escrito por Shakespeare toma vida, y donde la vida se convierte en obra.       

Pero hay más, Coco Badillo yace muerto acostado en la tarima, y ella sentada a su lado le habla a su padre y dice cosas que hace que Coco se mueva al escucharla, él reacciona, y ella le dice con humor: “no te muevas, tú estás muerto”.  Entonces, ya no Cordelia sino Andrea, se despacha contra Shakespeare porque no desarrolla los personajes femeninos, porque las mujeres aparecen muertas sin haberles dado más complejidad en su carácter y en su voz. Esta es no solo una respuesta al padre Lear, sino al padre Shakespeare, al mundo egocéntrico que quiere ser siempre adulado, admirado y venerado por todo el pueblo, un héroe de la vida pública, sin poder reconocer lo cercano, lo doméstico, o como dice Sofía Mejía: “los pequeños gestos invisibles cotidianos que sostienen y hacen mejor lo que podría solo desfallecer”. 

En Rey Lear de Shakespeare, Lear reconoce avergonzado su falta con Cordelia, pero rápidamente Cordelia muere y también muere Lear. En Casting Lear, Andrea-Cordelia sobrevive al padre y continúa lanzando la pelota.

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